Hoy dormiré en el salón con mi razón

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Qué vas a encontrar en este artículo

Todos nos hemos encontrado alguna vez a alguien que se empeñaba en tener la razón. ¿O no? Personas que ven todo desde su punto de vista, bajo su solo prisma. Son personas, a las que ni se les ocurre que las cosas pueden ser diferentes.

Seguro que hemos oído que llevar la razón nos puede llevar a guerras, no sólo bélicas, sobretodo a guerras con las personas que nos relacionamos.

Prefiero irme a dormir al sofá antes de dar mi brazo a torcer.

A veces la tozudez no es siempre, pero sí en alguna ocasión.

¿A que conoces a alguien así?

En BE HAPPY, estamos seguro que no te tienes que ir muy lejos. Con sólo mirarte a ti, lo encuentras.

Cuantas veces estamos seguros que la nuestra es la verdadera razón, que las cosas se hacen como nosotros pensamos y decimos.

Somos los jueces de la verdad. Quien lo hace bien, quien lo hace mal y sobretodo quien o quienes son los culpables de las cosas que nos ocurren.

Muchas veces necesitamos tener la razón. El no llevarla nos produce una sensación de valer menos. Es una de las trampas de nuestro subconsciente para engañarte, cuando te sientes inseguro y te crees que por tener la razón vales más. La realidad es que te vuelves cabezota y a la larga infeliz.

Cuando alguien no está de acuerdo con nosotros, lo tomamos como una agresión; lo consideramos que nos está atacando.

Con tal de llevar la razón, somos capaces de mentir, de gritar, de amenazar, de insultar. Eso sí, que no nos llamen cabezota, pues los únicos cabezotas son ellos.

Como disfrutamos cuando el contrario reconoce que nosotros éramos los poseedores de la razón. Que gozo, que disfrute. Nos sentimos superiores.

Que deleite conseguir que las otras personas cambien de pensar y reconozcan nuestra verdad. ¿A qué llevo RAZÓN?


¿Solo existe una verdad?

Las preguntas que nos deberíamos hacer son:

  • ¿Sólo hay una razón o hay tantas razones como experiencias vividas por otras personas?
  • ¿El prisma según vemos las cosas es consecuencia de nuestras vivencias?
  • ¿Es cierta la base con la que partimos, que la nuestra es la verdadera razón o todos tenemos razón?


Consecuencias de querer tener siempre la razón

Pero ¿qué problemas nos pueden crear el ser cabezota y pensar que nuestra razón es la verdadera y la única?

Según estudios psicológicos puede crearnos aislamiento, incomprensión, tensión, situaciones conflictivas, agresividad, acabar con relaciones, infelicidad.

Según la tan traída inteligencia artificial, los precios que vas a pagar por empeñarse en llevar siempre la razón, entre otros, son:

  • Desgastas relaciones: La gente deja de compartir ideas contigo si cada charla se vuelve un juicio. Prefieren evitarte a debatir.
  • Te quedas ciego: Por defender tu punto, ignoras datos que no encajan. Pierdes oportunidades de aprender y acabas equivocado más tiempo.
  • Escalas conflictos pequeños: Lo que era un desacuerdo de 2 minutos se vuelve pelea de 2 horas. El ego convierte temas simples en batallas personales.
  • Pierdes influencia: Paradójicamente, quien siempre «gana» las discusiones pierde credibilidad. Los demás te ven terco, no inteligente.
  • Agota mentalmente: Sostener una postura a toda costa consume energía que podrías usar en resolver el problema real.
  • Nos vuelve inflexibles.


¿Por qué queremos llevar la razón?

Entonces, si se pagan tantos precios, ¿por qué seguimos queriendo llevar la razón?

La culpa la tiene la dopamina. La dopamina es conocida mundialmente por ser una de las moléculas de la felicidad. Según la BBC es una de las herramientas que Cupido usa para enamorar. Nos proporciona placer y relajación.

El cerebro premia tener razón con un chute de dopamina. Es por ello que es fácil que te vuelvas adicto a llevar la razón y ganar las discusiones.


El perfil de las personas que siempre quieren llevar la razón

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  • Personas que necesitan seguridad.
  • Reconocimiento de los demás.
  • Tienen baja autoestima.
  • Son narcisistas, egocéntricos.
  • Todo lo perciben como un ataque personal.
  • Tienen necesidad de sentirse superior a los demás.
  • No asumen errores.
  • No escuchan.
  • Buscan quedar por encima, decir la última palabra.
  • Tergiversan los hechos.


¿Cómo podemos dejar de ser cabezotas?

El antídoto rápido: Antes de responder, pregúntate «¿Quiero tener razón o quiero resolver esto?» Son objetivos distintos y casi nunca coinciden.

Según el contexto donde estemos, podemos utilizar distintas herramientas.


En el trabajo

No hay nada mejor que abrir la puerta a la negociación. Con sólo cambiar “tienes razón” por “buen punto” validas la idea sin ceder la tuya.

O preguntar antes de afirmar: «¿Qué pasaría si probamos X?» en lugar de «X es mejor». Mismo objetivo, cero resistencia.

Y si variamos la forma de preguntar. ¿Padre puedo fumar mientras rezo? Seguro que la contestación será NO. Pero si pregunto, ¿padre puedo rezar mientras fumo? La respuesta será en el sentido de “hijo, rezar se puede siempre”.

Tu paz vale más que perder un cliente, dinero o tu puesto de trabajo.


En tus relaciones personales

  • Usa la regla de los 5 minutos: Si en 5 minutos no es importante, suéltalo. La mayoría de discusiones mueren ahí.
  • Utiliza, en lugar de «yo tengo razón», prueba «¿cómo resolvemos esto juntos?». Baja las defensas.
  • Cede primero en lo pequeño: Dar la razón en tonterías te da crédito para temas gordos. Es estrategia, no sumisión.
  • Asume que no vas a cambiar a nadie: Las personas no cambian por un argumento tuyo. Ahorra energía.
  • Responde con curiosidad falsa: «Interesante, ¿cómo llegaste a esa conclusión?» Desactivas sin entrar al ring.
  • Pon límites de tema. Siempre hablamos de las discusiones que se producen en las reuniones familiares. Si sabes que hay temas complicados: «De estos temas no hablamos porque nos queremos». Literal. Funciona.


Los temas que más nos hacen saltar

En la mayoría de los cursos y reuniones no se permite hablar de política, religión o fútbol.

Son tres temas que te llevan al enojo. Tu cerebro se pone en “modo de alerta” biológica. Tus glándulas suprarrenales liberan adrenalina y cortisol.

Ahí empieza tu estrés, aumenta la presión arterial, el ritmo cardíaco y la tensión muscular. Pero no pasa nada, llevas razón y ya sabemos que la sarna con gusto no pica y si pica no mortifica.

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Reflexiones finales sobre la necesidad de tener razón

Tenemos que ser conscientes que:

  • Llevar la razón te da 10 minutos de felicidad. En cambio, estar en paz te da tranquilidad durante días y lo mejor, dormirás en tu cama.
  • Todos, de una forma u otra, tenemos razón. Depende de lo que hayamos vivido, serán nuestras conversaciones, paradigmas y creencias. Es por ello que veremos las cosas desde el punto de vista que hemos aprendido.
  • Nuestra opinión es una más de las muchas que también son verdad.
  • Es mejor que, en lugar de imponer nuestra opinión, tengamos paz y tranquilidad.
  • En un estado de tranquilidad, somos conocedores de que no tiene ninguna lógica e incluso es imposible de explicar por qué intentamos imponer nuestra razón y nuestro punto de vista a los demás.
  • Pensar que lo que opinábamos hace 10 años puede que sea completamente distinto a lo que opinamos ahora. ¿Cómo puede ser?

Es tan sencillo como que el tener 10 años de nuevas vivencias, historias y experiencias nos han modificado algunas de nuestras creencias.

Esto no significa que antes nuestra opinión no fuera válida, lo único que ha ocurrido es que ahora pensamos de forma diferente.

  • Tenemos que aprender que tener una opinión no significa que tienes que defenderla como si no hubiera un mañana.
  • El tener una opinión distinta no significa que duden de ti.
  • La felicidad no depende de tener razón.
  • Es importante quitarse las orejeras y abrir tu mente. Puede que no tengas razón.
  • Defender, como un loco, tu razón es quemar energías a lo tonto.
  • Muchas relaciones se fastidian por una discusión, la mayoría de las veces tonta. Pero la razón es la razón.
  • No corregir constantemente a nuestra pareja por su manera de ser.
  • Quitarnos la necesidad de llevar razón al no reaccionar cuando opinamos de distintas maneras.
  • Escuchar activamente, sin tener la respuesta antes que la otra persona termine de hablar.
  • No todo es blanco o negro; hay grises y, por lo tanto, no hay verdades absolutas.
  • Las creencias y opiniones de las personas vienen avaladas por las vivencias y experiencias que hemos tenido durante la vida.
  • Reconocer que puedes estar equivocado.
  • Manifiesta tu opinión con tranquilidad.
  • Respeta la opinión de los demás.
  • Las opiniones de los demás te hacen crecer, escucha apasionadamente.
  • Debemos aprender a no ser cabezones.
  • No enojarse y saltar a la yugular.
  • Y, sobre todo, antes de luchar por la razón pregúntate: ¿realmente es tan importante?


¿Necesitas ayuda para vivir con más tranquilidad?

En ocasiones, la necesidad de tener siempre la razón esconde inseguridad, miedo al rechazo, baja autoestima o dificultades para gestionar nuestras emociones y relaciones. Aprender a escuchar, flexibilizar nuestras creencias y relacionarnos desde la calma puede marcar una gran diferencia en nuestro bienestar personal y familiar.

Si te has sentido identificado con este artículo y quieres trabajar aspectos como la autoestima, la gestión emocional, las relaciones personales o el crecimiento personal, en BE HAPPY podemos acompañarte. Ponte en contacto con nosotros y descubre cómo el coaching puede ayudarte a vivir con más serenidad, confianza y equilibrio.

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